miércoles 19 de agosto de 2009

Un viaje.





Bueno, beduinos del desierto, sigo a la carga. Siento que éste paraje, que es mi blog es un poco eso: un desierto. Sin embargo me siento feliz entre mis seguidores y amigos, que se encuentran conmigo en cada oasis de éste, mi desierto(vaya, parezco Juan Cuesta, jajajaja). El reloj a mis espaldas sigue cantando en clave de tic-tac, marcando el ritmo de mis dedos sobre el teclado. Espero que éste pedacito de relato os guste. Es la continuación de "Reencuentro". Ratpenat... si sigues vivo, te pido que vuelvas a abrir tu blog xD. Bueno, ésto se merece una larga charla en la cafetería de tu facultad o la mía.

Contrastes

Su té favorito era uno llamado "Sakura". Galena lo compró por primera vez y se lo regaló a Rose. A ambas les fascinó su aroma a flor de cerezo, sobre todo a Rose. Galena siempre calentaba el agua antes de que rompiera a hervir, cuando las pequeñas burbujitas aún no se habían formado en el fondo del cazo. Rose pronto comenzó a adorar esos pequeños placeres por encima de cualquier contradicción en la misma convivencia: el sabor de la té que Galena preparaba, el roce de su mano en público, pasado desapercibido a los ojos ajenos, el vuelo de la falda más larga de Galena cuando ésta bajaba las escaleras... Galena se había sentido abrumada, pensó, tantas veces ante la mirada de Rose. Hasta en ese momento, sobre las vías del tren, sentía su presencia. Pero abrió la cartera y contempló una fotografía, de una familia con semblante más o menos feliz: una niña pelirroja de no más de un año, su padre a su lado, un hombre ciertamente atractivo y joven, pensó Galena, y Rose, con el cabello del mismo color que la criatura en sus brazos, sonriendo radiante. Ésta escena era la que debía sacarla de su ensimismamiento, dejando a un lado aquellos recuerdos lejanos que atesoraba como retazos de felicidad. Y los guardó en una caja junto con los demás.

Sheila descansaba la vista de su libro mirando por la ventaba, a través de la cascada de cabello de Galena. Se preguntó por qué el personaje de su novela querría ponerle el nombre de una amante del pasado a su hija. Decidió entablar conversación con Galena, parecía alguien interesante, y seguro que compartirían un buen rato.

-Hace rato que no lees.-Observó Sheila. En efecto, "Las mujeres que no amaban al bidón de gasolina del palacio de las nieves", una novela muy de moda, estaba cerrada bajo su regazo.-Parece interesante éste libro, todo el mundo lo lee.-

-Siempre he detestado los best-sellers. Tampoco prefiero leer a Kafka, ya me entiendes, pero ésto no está mal.-Galena observó que Sheila cerraba su "Horizonte" sin ningún tipo de marca páginas.-Oye, ¡se te ha olvidado doblar la página! Luego no sabrás por dónde vas.-

-Bueno, es que yo nunca uso marcadores. Intento recordar por qué página voy. Me ayuda a ejercitar la memoria.-

-Es una buena idea, pero con lo despistada que soy...- Señaló Galena.

Hacía más de una hora que las luces del tren se habían encendido de nuevo, después de un corto trayecto de diez minutos a oscuras. Sheila, la más joven de las dos, dejó unos segundos de silencio entre ambas, mientras se recogía la mata de pelo rizado con una goma, pensativa, como siempre que se recogía el pelo.

-¿Alguna vez te has planteado qué es lo que perseguimos?-Y así, con tanta facilidad como un semáforo cambia de color, Sheila pasó de la trivialidad a lo trascendental.-Quiero decir, mi viaje supone una búsqueda. En realidad todos lo hacemos cuando vamos de viaje, ya sea un museo, una catedral, la visita a algún familiar... pero aunque tenga muy claro lo que busco, sé que nunca es lo que realmente necesito, siempre se desvanece todo.-

-Bueno, en realidad creo que pocos lo saben, solo nos dejamos llevar por la corriente. ¿En qué estás pensando?-Preguntó Galena con una sonrisa en sus labios.

-No dejo de pensar en lo que dejé atrás. Por una vez en mi vida he estado cien por cien segura de algo... y se ha desvanecido delante de mí. Me hace pensar que soy una marioneta de algún dios macabro, que se ríe de mí contemplando como me tropiezo.- Sentenció Sheila al fin.

-Bueno, estás hablando de una relación sentimental, supongo. No diré que es típico, pero parece que todo se reduzca a lo mismo: al amor. Y al hecho de que somos humanos. Puedo entenderte, creo que he estado en alguna situación parecida.-

-Galena... bueno, no soy de las que cuentan su vida al primero que pasa,así que gracias por escuchar mis pensamientos.-Y con la misma velocidad en la que un semáforo vuelve a cambiar de color, y los peatones se descongelan y vuelven a moverse, Sheila pasó a la trivialidad.-Cuéntame de qué va éste libro.-

Y Galena comenzó a resumir brevemente, sin desvelar ningún misterio (por si Sheila quería leerlo algún día), "las mujeres que no amaban al bidón de gasolina del palacio de las nieves". Le gustó que Sheila le preguntara por un libro, se sintió cuentacuentos por un momento. Como si la niña pelirroja fuera suya, y Rose siguiera a su lado.

Aún quedaban unas horas de trayecto, y el tren traqueteaba, mientras un niño de no más de cuatro años lloraba en el vagón, una anciana sacaba su pañuelo de tela y se borraba el sudor de la frente, un caballero trajeado revisaba los billetes... y dos fragmentos que habían pertenecido a la misma alma se contaban trivialidades, cuentos y compartían reflexiones.


Fotografía de Ben: ¡Muchas gracias!

martes 11 de agosto de 2009

Día D, hora H.




Bueno, como veo que ya tocaba actualizar, elijo éste día, el día en que elegí llegar al mundo. Bueno, no sé si elegí o eligieron por mí, porque el parto fue provocado, de hecho fue una negligencia médica porque el doctor se marchaba de vacaciones. Así tal cual se lee, mi madre no tenía ni idea de que iba a dar a luz. ¿Las consecuencias directas? Mi madre casi muere desangrada y a mí me faltaba un trozo de tubo gástrico que me impedía digerir bien la comida. Ésto duró hasta mis siete años de edad, momento en el que decidí "regresar" y curarme mágicamente (aún nadie se explica por qué creció espontáneamente me tubo digestivo sin ninguna intervención). Y digo "regresar" porque no tengo recuerdos de mi infancia hasta los siete u ocho años, prácticamente, alguien me dijo alguna vez que yo simplemente no estaba, o que había bloqueado esos recuerdos. Pero dejando a un lado el karma y demás, es muy raro pasar casi directamente a la niñez tardía y adolescencia después. Más extraño es no recordar mi enfermedad, que tenaía que dormir en un ángulo de 90 grados para no echar la comida y las contínuas visitas al médico.

Vale, suena duro, y no es bonito, pero todo ésto me hace pensar que yo debo estar aquí. Que si por alguna razón me he caído, siempre he sabido levantarme. Y sí, me he caído muchas veces, literalmente, soy patosa, simplemente a veces no sé poner un pie delante del otro sin caerme o chocarme contra algo. Pero siempre me sostinen mis piernas de nuevo. Ésto me recuerda que el universo está lleno de "magia" o como queramos llamarlo. Cada momento de mi vida me ha aportado unas cosas diferentes, imprescindibles. No justifico el sufrimiento por el sufrimiento, pero si alguien debería creer en los milagros (por llamarlos de alguna manera), esa debería ser yo. Mi famíla piensa que soy un milagro andante, siempre en las últimas y siempre remontando hasta que me normalicé. A veces el camino es complicado, pasamos períodos muy negros, nosotros mismos nos hacemos daño, dejamos que los demás nos lo hagan... pero la magia de todo este sufrimiento es que al fin y al cabo pasa. Siempre amanece de nuevo, al margen de todo lo demás.

Hay "algo" que si tenemos un poco de fe, nos cuida, los dioses están para que creamos en ellos y ellos creerán en nosotros. O llamémosle Vida, Universo o simplemente Suerte, da lo mismo. Bien, lamento la entrada a lo libro de autoayuda (xD) pero hoy solo me nace dar las gracias a la vida por todo lo que me han enseñado en mis veintitrés años de edad, por las metas que me he marcado, que sé que aunque nunca llegue a ellas, no caminaré hacia atrás, disfrutaré del desafío del camino que se me ha puesto bajo mis pies.