viernes 31 de diciembre de 2010

Feliz 2011! otro año con vosotros!



desde aquí, desde el desierto, comeinzo el año escribiendo. Para desearos a los beduinos que os desoeo que el 2011 sea mejor que cualquier de los años posteriores. No sé qué tal estý tecleando, porque la verdad es que llevo unas copitas, pero prometo hacer un balance de las cosas que tengo que plasmar aqui. Así que, beduinos, os deseo un muy feliz año, un año tan lleno de letras como el mío. Feliz 2011!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

miércoles 15 de diciembre de 2010

Maestra, siempre con tus letras.



Hoy quiero hacerle un homenje a la que es mi autora (conocida :P) preferida, que es Viginia Woolf. Muchos ya me habéis soportado lo suficiente como para saberlo, pero fue la que impulsó a las mujeres como escritoras, aquella que pensaba en la literatura como una forma de vida también para ellas. Por su lirismo en prosa, aquel que tanto me ha marcado (por si alguien no se ha dado cuenta), por sus innovaciones literarias y por la imponente figura, además de humana que fue, hoy os dejo un ragmento de "Las Olas". Disfrutadlo tanto como yo, beduinos.

" El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "

"Las Olas", Virginia Woolf, fragmento.

viernes 3 de diciembre de 2010

An earl grey on my table...



No era más que un moco cuando le dije a mi madre "Mamá, quiero aprender inglés". Seguramente lo dije con tono repelente. No me cabe duda. Acto seguido le dije que "how are you?" significaba "algo así como presentarse". Ella discutía, para variar.Pasó el tiempo y mi tío Migue se llevó el gato al agua, cuando la niña, ya entrada en los siete u ocho años, declaré que quería estudiar filología inglesa. De acuerdo, yo ya lo tenía muy pensado. Mi pasión era escribir, desde que tuve cuatro años y me dio por soltar aquella pedantería en el cole. Había quien quería ser policía, profesor, médico y demás profesiones relativamente normales, pero la profesora quedó tan impresionada con mi respuesta, que hizo quedarse a mi madre después de la hora de salida. Dijo que lo tenía tan claro, que estaba tan convencida y lo decía con tanta ilusión, que a una niña así no se le debían cortar las alas.

Lo de la filología ni recuerdo cuándo surgió, ni quién me dijo que ahí se estudiaba literatura. Ni por qué, aquel profesor del colegio me pilló manía por aburrirme en sus clases. Solo recuerdo a mi madrina, que por aquella época era una mujer de mundo, que había vivido en England (como yo decía), pues eso ponía en la dirección desde la que me enviaba cartas, se pasó por mi casa a revisar mi nivel de inglés, para ver si efectivamente, Don Vicente tenía razones reales para suspenderme. Su consejo fue "sabes más inglés que ese hombre, aprende a pasar desapercibida". Y así, con toda mi ilusión me volví a mi cuarto conjugando terceras personas del singular (he, she, it, siempre van con ese, cantaba como si fuera un juego). Pues bien, luego llegó la música. Cantar a lo whichigua nunca me apeteció mucho, así que comencé a estudiarme las letras de los cd's que conseguí comprarme. El olor a aquel talco que compró mi madre cuando era joven y se escapó a Londres, la lavanda fresca, las galletas de mantequilla. Las tazas con el sello de propiedad de la reina al fondo. Las cartas a mi madrina, el royal mail.

Así que, soñando con respirar el aire de libertad que sabía que se mezclaba entre la brumas del Támesis, el día que me rayé y me piré a Londres, en el avión y sola, fui la tía más feliz del mundo. Rosalie, la chica de al lado (yo misma me cuidé de acercarme a una con aspecto poco español) me explicó la diferencia entre "luggage" y "baggage". Aventurera como siempre, la gente me llamó loca. Otros me dijeron "solo los de filología inglesa hacéis ese tipo de locuras, debe ser vuestro carácter". Los campos verdes, salpicados de vez en cuando por casitas con sus respectivos jardines, se hacían hueco en mi ventanilla. Se empañaba, pues en pleno Diciembre, hacía un frio británico. Los bosques se perdían entre las carreteras que te llevaban a lo que Rosalie llamó "la Inglaterra profunda". Y yo me imaginaba a todos aquellos matrimonios de sesentañeros sentados tomando el té, en su sala de estar, con sus mejillas rosadas y sus pestañas y cejas rubias. 

El primer golpe de frio en mi cara, al bajar del avión, cargando con mi "baggage", una mochila medio vacía y poco más, desempañó mis ojos de golpe. Serían como las dos del mediodía, recién llegada a Gatwick y la noche iba cayendo hasta que alcancé Victoria, helada de frio, el gris de la ciudad, el anochecer repentino me pilló desprevenida, pues es una de las sorpresas que el resto de viajeros olvidan comentarte deliveradamente. Oscuridad y luces amarillentas, en medio de una lluvia fina que comenzaba a calar en lo más profundo de lo que fui. Frio conocido y humedad, una niebla que se colaba entre unas casas que no me parecían tan desconocidas. Y poner un pie en la calzada sin peligro de atropello al cruzar. Nada más llegar, el cabrón de mi casero me recogió en coche... con el volante al otro lado. Me llevó a casa. Extraño pronunciar esta palabra lejos de lo que se supone que debería ser mi verdadera "casa".

Olvidarme del resto del mundo, de que tenía família e incluso amigos... mis días paseando en soledad por el centro, por la ciudad, recorriendo sin planos ni mapas sus calles, dejando que los británicos me cogieran del brazo cuando preguntaba por una calle y me dijeran que apenas parecía española, que no sabían realmente ubicar mi acento. Aquellas fotos en las que casi ni salgo yo... perderme y encontrarme. La fruta que apenas tenía sabor. Y mis consiguientes lágrimas por lo horrible de la comida, pero la vista de mi backyard, su verdor en medio de la lluvia me hacía olvidarlo. El earl grey en el hervidor de agua cada mañana. Anyway, as I was saying.

Hoy me dejo mecer de nuevo en las lágrimas de vuelta de casa, en las lágrimas que se mezclan con la lluvia, en las luces reflejadas en los charcos. Sobre mi mesa hay una tetera a medias, con un Earl Grey compartido, que no sabe del todo a casa, pero se le parece bastante. I think so.