miércoles 25 de mayo de 2011

Sobre el desierto

Todos necesitamos un lugar donde fundirnos con nosotros mismos, donde elevarnos por encima de la burda materia buscando la esencia de la que están hechos los sueños, a mitad de camino entre las estrellas y el horizonte. Este blog nació como mi propio espacio, como mi lugar donde perderme entre mis letras, sin buscar mucho si hilarlas trenzadas o con pliegues de seda. Así nació mi desierto, un espacio infértil, sin más ni menos que la noche, preñada de estrellas que centellean en lo alto. Y pensaba que era el mejor lugar al que escaparse de todo, donde buscarme en mis propias sombras, donde mirarme en el mismo de reflejo del contorno de unos labios que no saben hacer otra cosa que amar. Buscan saciar su sed de ti, de palabras que elevan mi espíritu a la altura de los sueños, entre el horizonte y las estrellas. Que se pierden en las dunas, que ya no son dueñas de mis silencios, sino de mis encrucijadas.

De esta tierra estéril se asomaron a la luz de las estrellas varias historias, algún sinsentido hecho prosa y fragmentos de reflejos y espejismos. Ya sabéis, desiertos y calor por el día, frio y desolación de noche. De estos se entretejen las palabras, cautelosas y tímidas, mientras las nubes se van cargando de lluvia que espera a colarse entre mis rincones. Anochece. Tiemblo. Suspiro. Caen despacio. Son recuerdos. Murmuran tu presencia. Caen sobre mi rostro. Como imágenes agolpándose ante mis ojos. Me besan los párpados. Respiran conmigo. Y descienden más y más deprisa, pidiéndome agua, pidiendo un baile entre la tierra infértil que cree un jardín donde antes había sombra. Se prenden broches en tu pelo, son de esmeraldas y gemas que brillan más que las mismas estrellas, son grises y de todos los colores, son los frutos de mi desierto. 

Camino con paso ausente entre las olas que mecen las dunas, al compás del movimiento de la luna sedente sobre su trono de cielo. Seguirá lloviendo, sé que seguirá lloviendo sobre estos jardines, hasta que el desierto se traicione a si mismo y se vuelva embajada de mis deseos. Amor, amor, no respires tan fuerte, que aún nos oyen. Pero deja ese hilo de aliento para mi, no lo pierdas. Devuélveme la risa y el llanto, la cordura de perder la cabeza entre tu piel. Acariciaré cada letra que imprimas en ella, cada verso que salga de tus labios, mientras la lluvia va cayendo de entre las nubes que me llenan de vida de nuevo. ¿Encharcamos el desierto? ¿lo llenamos de mar? ¿o todavía te gustan los jardines? Nacerán los lugares desde los que nacerán las palabras de una nueva lírica entre tus brazos.

Y así es cómo el amanecer pilló sin confesar a un mar nuevo, con jardín de piedras mecidas entra sus olas. Se devino un sol que acortó la distancia entre el horizonte y las estrellas que se disolvían en la mañana como una caricia que se pierde entre las sábanas de los amantes furtivos. Pues todo el mundo necesita un espacio para si mismo, un lugar donde estremecerse con la esencia de las cosas y dejarse volar. Y ¿qué le voy a hacer si yo tengo la bendición de contar con tus nubes? pues seguir nadando entre las olas de este desierto, que sin más, ya no es desierto. Te amo.

jueves 19 de mayo de 2011

Hispania



Me levanto una mañana y mi chica me cuenta, entusiasmada cómo un grupo de gente sin ideología política definida ha acampado en Sol pare reivindicar una democracia real. Yo, cansada del carácter español, de tanto hablar para nada, de sentarse a ver televisión y enfadarse desde el sillón de casa, me quedo un tanto atónita. No doy mucho crédito y continúo preguntándome dónde estarán los ideales por los que el rojo de mi abuelo se echó a una guerra de la que no sacó ningún tipo de honor, pues se luchaba por la libertad de su pueblo.

Pasan las horas y las notícias acerca de la acampada en la puerta del Sol van acelerándose en la red. Los manifestantes se han hecho oír. Para vivir esto desde casa, a través de la televisión, decidimos acercarnos el viernes, pues mejor buscar un momento en el que aparcar un poco nuestras responsabilidades. Y así, me voy de camino al trabajo, dándole vueltas en mi cabeza, pensando en todas las leyes de reformas educativas por las que he salido a la calle, los derechos femeninos por los que me he movido siempre, la independencia de la lengua de mi país. Siempre con esos tintes rebeldes que te invaden cuando tienes no más de veinte años, solo que esta vez, sin tirar huevos en ninguna fachada, por muy "no a la guerra!" que me haya sentido. Recuerdo las caras de los niños que tratan de hacerse paso entre un sistema educativo que se cae por si solo, que buscarán el día de mañana un empleo digno sin que sus estudios universitarios sirvan para que el empresario de turno se limpie las manos, por no decir otra cosa.

Camino hacia las clases y me invade el espíritu de lucha del que hace tanto ya había renegado. Me imagino un montón de manos reinventando el país en el que viven,m individuos unidos levantando sus voces al unísono, luchando por sus derechos. Y no tengo que imaginar, pues llego a casa y mi chica me dice "nena, nos vamos a Sol." Dejamos al peque con su papá y esperamos a una amiga que se una a la causa. Esto no podemos vivirlo desde casa, no es cuestión de ir a pasar el rato a una manifestación por la que nada se conseguirá, sino de reivindicar realmente que el pueblo está hasta las narices de tanta hipocresía. Cogemos el tren y otro grupo de jóvenes va detrás de nosotras, con sacos de dormir y mochilas, con la misma intención que nosotras. Otro chico a nuestra derecha habla por el móvil con alguien y le comenta que pasará la noche en Sol también. Mientras el tren se dirige a Atocha comentamos que en Alcalá hay una veintena de personas sentadas en la calle por el mismo motivo. Tratamos de tomarnos con humor qué pasará si la "manifestación ilegal" llega a causar nuestra detención, qué deberíamos decir. Se nos ocurren cosas como "yo pasaba por aquí, como toda esta gente y mira por donde hemos coincidido" o "cojamos doce uvas y miremos el reloj, igual así canta menos", o también "yo solo estoy de vacaciones por Madrid y vengo de turista, uy qué bonito el Oso y el Madroño!!!"

Ya desde el tren nos avisan por megafonía que la concentración convocada está catalogada como ilegal y varios mensajes al móvil nos avisan de que la policía va a barrer con todo a las once, que tengamos cuidado. Esto nos da más motivo todavía para dejar que el tren llegue a Sol y bajarnos para darnos un paseo por allí. Bajamos en Atocha y un montón de gente con mochila nos mira con complicidad. Cogemos otro tren con tan solo una parada hasta Sol y de nuevo otro aviso por megafonía... no entendemos nada, no se había privatizado la renfe? qué pasa con ellos? Mi chica se pregunta cuántos de los que están sentados en el tren se levantarán y no se siente defraudada cuando casi todos se miran unos a otros y se bajan en la misma parada que nosotras. Nada más bajar hay en cada uno de los tornos de salida un policía que va parando a cada persona que le da la gana para pedirle la documentación. Una chica con pinta de estudiante de bellas artes, con el pelo rizado y una camiseta ancha y verde que deja entrever el tirante del sujetador y un hombro me mira con cara de hastío y yo me pregunto por qué unos tienen más porcentaje de delincuencia en su vestimenta que otros. La chica sonríe y se queda con el policía mientras las chicas y yo salimos por el lado izquierdo de Sol. Un cartel enorme envuelve una bienvenida diciendo: "La revolución será feminista". La plaza está abarrotada, casi no podemos abrirnos paso entre los manifestantes, que a voces de "le llaman democracia y no lo es...oe oe oe oe." crean coros y mueven sus manos al compás, todos juntos.

"Si Pericles levantara la cabeza..." dice Liz con esa chispa y brillantez ante estas situaciones. Que por cierto, era su cumpleaños y se lo pasó allí, en lugar de irse por ahí a celebrarlo con quien fuera. Nos movemos entre el gentío, buscando un lugar donde quedarnos, ver cómo está todo y por fin, después de un rato, nos subimos a la fuente, con un montón de gente que ya andaba asentada ahí. Me sorprendo viendo a un montón de jóvenes pero también manifestantes que rondan los 40 años, y si miro más hacia fuera, desde lo alto de la fuente, veo mujeres con niños y alguna embarazada. Todos, sin excepción, unidos sin bandera política, sin partidismos ni colectivismos. Una bandera del orgullo gay me hace un guiño y me recuerda todas las cosas por las que aún tengo que luchar en esta vida que he elegido. Otra voz nace para buscar el coro del resto, para aunar un "más pan y menos chorizo", seguido de un "yo soy luchador, luchador, luchador" y yo de verdad siento como los cojenes del pueblo español están escaldados, están jodidos y el país que duerme la siesta o se pone a hacer una paella ante los problemas al fin se ha levantado, se ha puesto el traje de luces y ha salido a coger el toro por los cuernos.

La calle Montera está hasta los topes, llena hasta más de la mitad. Un cartel de publicidad está siendo rajado por un montón de gente que se ha subido al andamio, otro grupo de gente está en subida en la boca de metro, otros tantos están encima de farolas. Al fondo se acercan unos furgones policiales cuando llevamos más de dos horas... todos a una, como si de una voz se tratara, gritamos "fuera fuera fuera!" y, por qué no? dejamos que el sueño nos invada, cuando los furgones se dan la vuelta. Creemos por unos instantes que con nuestros cojones espartanos hemos echado a los antidisturbios. ¿Por qué no podemos creer y soñar con que el mundo sea un lugar mejor? ¿un lugar más para nosotros y menos para ellos? ¿que podamos vivir más en libertad y menos en la promesa utópica de la libertal condicionada por otros? ¿Por qué no podemos creer que las palabras, unidas en una sola voz, son lo suficientemente fuertes como para crear un cambio?

Pasan las horas y nos adentramos en la organización del movimiento, vemos como diferentes comisiones explican por megáfono qué se debe hacer o cómo están agrupados. Y no hay política ahí, solo corazones ávidos de sueños. Nos piden que llevemos cartones para que se pueda dormir en el suelo mientras otras manos nos los recogen para montar una improvisada cama gigantesca frente al reloj donde se comen las uvas los madrileños por la tele. Entre tanto, los manifestantes gritan el lema "Carlos tercero, vigila a los maderos" y nos adentramos más aún. Las manos vuelan para montar con lona un techo sobre el que pasar la noche, de hecho nos quitamos de ahí de tanta ayuda que las personas vuelcan. Y en un momento está todo cubierto, antes de que caiga la llúvia. En unos intantes, por el megáfono piden auyuda en la comisión de cocina, donde están dando de comer a todo el mundo, piden manos para ayudar y pan. Nos podemos de acuerdo las tres para levantarnos y ayudar allí o en seguridad o donde se nos requiera, pero cuando apenas han pasado unos minutos, el chico dice que por favor, que ya está todo arreglado, que no se necesita más ayuda. Y yo me emociono viendo como todos colaboran y luchan por sus idelaes, sin preguntarse ni cómo se llama el de al lado, sin preguntarse si quiera si es de derechas, izquierdas o del partido de mi pequeño pony. Todo eso no importa. Escho a un chico de Dubin, pelirojo y muy poco español, diciendo que se ha unido a la causa y que en su país también se han levantado grupos de españoles. También escucho varias voces en inglés de un lado a otro.

Salimos a cenar algo y a tomar un café, mientras una voz dice con un megáfono "algunos llevamos más de 70 horas sin dormir aquí, por favor, esto no es un botellón, estamos aquí por una causa seria". Cenamos sin decirnos más que palabras de asombro ante lo que estamos viendo esa noche. Se nos caen los ojos del sueño y tras horas de transporte, decidimos volver a Alcalá, prepararnos para volver al día siguiente y ser parte de algo más grande que nosotras mismas, algo que de verdad queremos soñar con que va a crear un cambio. Algo que por una vez, nos sintamos más orgullosas de haber nacido en este país, que por una vez continúa con los ideales que hace tantos años al parece se perdieron en Numancia y Sagunto. La llaman la puertal de Sol-ución. Y eso es lo que va buscándose, así que seguiremos luchando por ello.

domingo 8 de mayo de 2011

Éter


De día la hierba fresca, besada por el suave rocío de la mañana, parece agua. Se funde con esa luz del sol que se atreve a despertar al mundo. Lo que de noche es una negra extensión de césped, como si de una placa de obsidiana se tratara, de turbias intenciones para con mi subconsciente, releo en los renglones que los Dioses han puesto ante la ventana, para mi, el momento exacto en el que me encuentro. Y me sorprendo a mi misma pensando "éste sería un buen momento para fumar". Si fumara, claro está. Pero ¿qué importan mis pulmones ante la hierba convertida en río? pues los árboles merodean a su alrededor, cercando lo que a mediodía es verdor puro, para engañar a mis sentidos. Una vez más, sola ante los laberintos de la vida. ¿Qué importa la tragedia de ser humano? o tan siquiera, un ser humano que desea convertirse en humo, buscando llenar sus pulmones.

Si sigo mirando al horizonte, veo las montañas que recortan el comienzo de la luz, esa blanca transición entre la muerte de la noche y el renacer del día. El mundo comienza a moverse más y más deprisa. O quizás sale de su letargo. O puede que realmente siga en su pasmosa lentitud, dejándonos atónitos, haciéndonos lentos a los pobres seres que miramos con ojos infantiles cada rubor del Sol. Y me imagino que las montañas no tratan de interponerse entre el horizonte y yo, me pregunto cómo sería sin montañas y una extraña sensación de volverme horizonte yo misma me invade. Estaba dentro de una piedra, de una hermosa pieza plateada y gris oscura, como yo. Brillo nocturno, luz reflejada en la negrura de tu cuerpo. En casa, donde realmente no importan mis pulmones ni si mi aliento empaña de nuevo el cristal de la ventana. Las yemas de mis dedos tocan el frío cristal para abrir la ventana, y una brisa fresca quiere despertarme por la mañana, asombrarme en medio de mi búsqueda del horizonte. Pero sigo abriendo la ventana despacio. Zoom. Llega al tope. Asomo un poco más la cara en un loco intento de descubrir el misterio de qué guardarán las montañas. Mi mirada curiosa se desvanece evadiéndose de la realidad tangible, hasta del amanecer de película, de novela.

Y cuando el horizonte y yo somos uno, me pregunto cómo será ser una palabra, una elevación del signo gráfico, una melodía hecha voz, tacto, olor, esencia. La materia de la que están hecho el arte, el éter que forma las estrellas, estrellado en una hoja de papel, que por momentos se desvanece por el horizonte. La quintaesencia con la que los magos quieren acercarse a Dios en cada espacio sacro. Y me siento más yo, siento mi alma vibrar, en medio de un momento fuera del tiempo. Quiero ser palabra, quiero hundirme en el blanco del papel, quiero atravesar con mi cuerpo cada uno de tus espacios, recorrer los lugares más recónditos del planeta, ser una estrella que al moverse, dijo Platón, crea una perfecta armonía con sus movimientos. Muevo los dedos sin darme cuenta, quiero morirme en el papel. Dejar mi cuerpo lejos y volar como nunca ha hecho mi alma. Mis ojos se cierran y buscan de nuevo la piedra. Gris y dura, que se quiebra con algún golpe en el punto exacto. Mi pelo se mueve con el viento que se atreve a sacarme de mi ensueño, ya que mi cuerpo de cristal está pegado al suelo, al menos una parte quiere salir por la ventana. Las yemas de mis dedos recorren el frío metal que cierra en un zas la ventana y con paso firme, me descuelgo de esta locura, la guardo en lo más profundo, para ponerla sobre unas páginas y renacer y morir cada día por mis letras. La puerta de la habitación se cierra detrás de mi. Punto y aparte, dijo mi Olivetti.