viernes 28 de octubre de 2011

Su sala

Aquí va una de mis monotemáticas entradas de Virginia... a veces pienso que cuando escribo solo soy una cosa que ama a su persona y sus letras...



A veces te imagino suspendida entre mis pensamientos, enredándote entre mi pelo, en un lugar que yo misma te he creado, que quizás nunca existió, solo en mi mente. Estás en una sala de madera, hasta el techo, llena de las estanterías que tanto amabas, con los libros de aquellos pensadores griegos en los que te perdías. Sueño que estás allí, en la mesa central, esta donde te sentarías con tus amigos los del grupo de Bloomsbory, con vuestras ideas de narrativa rebelde que revolucionarían toda la época, desde los cimientos de la prefabricada sociedad inglesa. Te veo en mi mente flotando sobre tus sueños de poesía en prosa. Como l hoja de papel sobre el mar, mirándo hacia otras costas más suaves. Bailas entre los remolinos del mar, te atreves a mecerte y adentrarte donde nadie más sabe llegar. Tu mirada está perdida entre las muchchcas de mármol que adornan tu estantería preferida, sobre dos columnas. Ambas Kores custodian a tus filósifos preferidos y sé qué te preguntas cómo plasma la esenciar de estás imágenes que solo tú eres capaz de ver con tus ojos de maestra de la letras. 

Y ese punto, en ese preciso instante, sé que querrías ser dibujante, ser pintora y artista y lo que no sabes es que con cada una de tus palabras haces que tiemble todo mi ser. Con cada una de tus letras me eleva hacia lo mas esencial de la existencia humana. Cuando te imagino asi, sin siqueira escrcibir, eres el folio en blanco que me devuelve las ganas de respirar, eres el aire en mis pulmones, las lágrimas en mis ojos que empañan las teclas, la valentia de mover mis manos hacia las letras de nuevo y las formas divinas y humanas de cada renglón.

A veces me cuelo en esta sala que yo misma he imaginado tantas veces, que tu padre se molestó en prepararte para que no estudiaras fuera de casa y me quedo mirándote en una esquina, feliz por estar allí y compartir tu mismo espacio. Y sin más, me acerco a ti y me atrevo a besar la comisura de tus labios, mientras estás asi de perfecta y deliciosa, perdida en tus sueños, en el mar de tus visiones, esperando a que se enfrie una taza de té, que por supuiesto, sigue demasiado caliente para ser tomado, como a ti te gusta.

domingo 9 de octubre de 2011

Mujer frente al mar

De nuevo le doy a Virgnia parte de lo que soy.


Érase una mujer hecha de piedras, sosteniendo sus pies, hecha de palabras, que brotaban de su pelo, como cabello mecido por los vientos cabalgando al compás del mar, de miedos y dudas, convertidos en canciones melancólicas susurradas en su oído, de recuerdos e ilusiones, cosidas con hilos de emociones metidas en una tela, urdidas con la aguja de la racionalidad, mutiladas con tijeras de razón. Suelta su pelo, descose lo hilos, se mece con el viento. Y mira al mar, con sus lágrimas haciendo cola para morir frente al inmenso azul. El agua trae rugidos, de bestias, de fieras y gaviotas inquietas. Acantilados, sentimientos recortados a punta de olas que vienen y van, que vienen van. Y se dan a morir entre las rocas que quieren apretarlas entre sus brazos. Suelta su pelo, de nuevo, lo deja volar y enredarse en el viento, entre las caricias del aire que porta sal, rugidos intensos. Gritos que se mecen en el caos.

Se mira en el mar, en la tormenta y, aunque las aguas fueran el relfejo cristalino del sol en la mañana, la lozanía hecha paisaje, ella solo ve obsidianas. Profundas e intensas, como el pozo de sentimientos que se agolpan en su mente, que se ponen delante de su elemento para verse cara a cara. Susurran los vientos entre cabellos de otras épocas y momentos. Amontonan rizos y ella piensa: " se me va a enredar, querrán ser uno con el viento". Pero no, todo eso ahora no importa, ni siquiera que la cordura ande acechándola en cada paso, que esté jugando con las conchas y piedras que se desprenden del mismo mar. Juega, ríe y disfruta de los minutos que están contados para que ella escape de ti, cordura insensata, pues el mar espera, las olas vienen a llevársela y no podrás retener lo que nunca fue tuyo. Juega con las piedras y las conchas, las suyas. Se va, se mece, vuela con los vientos, olas van y vienen. Van y vienen.