Entradas

Sin rumbo I

Enfrentarse a una hoja en blanco de nuevo. Y llegar para quedarse. Tener la cabeza enmarañada y no saber por dónde empezar. La luna, enorme y misteriosa, cubriendo la noche con sus velos místicos. Entona extrañas melodías y tiñe de verde los bosques. Asfalto y cristal se levantan cada día para destruir los templos, para resquebrajar los santuarios de la mente. Dejarse llevar, sin aliento ni ganas, solo dejar que el frenesí mueva el cuerpo en un frenético baile. Se caen las máscaras y nos volvemos bestias, con garras y pieles, emergen los deseos de sentir y enredamos nuestros cuerpos en danza de locura. Liberame, Dionisos, sácame de un sueño tan pesado como la vida. Y enseñarme la sangre de la Tierra, esa que brilla como los rubíes y tiñe nuestra boca. Granadas, conocedoras de los misterios, uñas y garras cristalizadas en roca. Abridnos los mundos ocultos a la percepción. Porque todo escritor debería permitirse escribir sin rumbo, cada día su vida. Sin frenos ni lógica, Para no ...

Las Respuestas

Imagen
Otro aleteo y una mirada hacia abajo, donde reposaba el pesado libro. La mariposa encuadernada revoloteó en su mente, agitando versos cogidos entre sus manos, frente a ella. Él respiró agitadamente y buscó consuelo en la bibliotecaria cuarentona que nada le ponía. Sin duda, las gafas de pasta le otorgaban un aspecto nada apetecible. Pero él solo observaba a la chica de la novela histórica, que se perdía entre batallas ganadas, batallas perdidas. Nada, dejó pasar otro minuto debatiéndose entre la carrera de subrayados del compañero de al lado, que rasgaba su libreta con ansia estudiantil, y las pestañas verticales que apuntaban a su novela. Su sonrisa era un misterio de esos que cuentan los profetas, pues nada en su rostro se movía, más que sus pupilas, escondidas también, que debían acariciar las páginas, y quizás el aire alrededor suyo cuando balanceaba su pelo. Alguna vez sus dedos peinaban hacia atrás ambas cortinas castañas a cada lado, para no ver perturbada su lectura. Y...

Entre montañas...

El mar frente al café nos regala las sonrisas de las nereidas, a través de los cristales y entre montañas. Llevamos aquí casi cinco meses y lo que comenzó siendo un viaje inesperado se ha convertido una de las más deliciosas rutinas. Las rocas de la montaña de las Musas son testigo de sonrisas y lágrimas derramadas con cada una de nuestras subidas. Nos reímos con los que poco a poco se han ido convirtiendo en grandes amigos y familia porque el lenguaje tiene sus intrincados caminos entre idioma e idioma para arrancarte una carcajada.  El café se derrama y yo me pongo nerviosa, como siempre, haciendo gala de la más británica cortesía, me estiro y pido perdón mil veces. Espero alguna cara ofendida y me encuentro a un grupo de personas felicitándome porque se alegran de que la abundancia vaya a llegar a mi vida. Sonríen y comprendo, aquí las cosas tiene su propio compás, su armonía y tonalidad. Y tras una noche de cansancio, me pregunto por qué mis piernas siguen resistiendo y ...

Solo tú

Sentada frente a ti, con el fuego recorriendo mi alma, ya no hay espacio. Somos uno. Pues tú, con tu candencia y el murmurar de tu voz, me enciendes hasta que ya no queda más opción: volveré a ser tuya. Tuya, tuya como un suspiro que nace de tus labios, como el compás que hace bailar mis deseos más profundos. Pues me meces y me curtes, como espada, duro acero y fiel compañero, como un perro, que a mi lado descansa, listo para devorarme otra noche entera. Y me traes luz y sombra, amaneceres borracha de sueño, manos que se deslizan a través de la niebla. Risa, amor hecho rocío. Madrugada y gemidos en medio de la noche que rompen el silencio en tus oídos.  Aunque esté débil y perdida, siempre haces que el ansia recorra mi alma y salga en tu busca, pues tú sabes como nadie arrancar a mi alma del silencio. Sabes como nadie que buscaré tus manos acariciandolas través de la bendición de las letras que ahora escribo. Vuelve, vuelve junto a mi, pues aunque te convierta en la rutina, au...

Desarrollando personajes

Imagen
Esto es un fragmento de mi siguiente novela, muy poquito lo sabéis, pero para todos los que me preguntáis "¿dónde te has metido? ¿ya no escribes? ¿y tu blog?" pues aquí tenéis un pequeño adelanto. Espero que os guste, desate vuestra curiosidad lectra y pronto pueda compartirla al completo con vosotros. Un abrazo :) No lo vuelvas a hacer, por favor...-le pedí tendida en la cama con un hilo de voz Miraba la ventana fijamente, mientras él, avergonzado y de espaldas a mi, se ponía los pantalones sentado al borde de la cama. Le daba la espalda, no podía mirarle a los ojos. Le escuché un suspiro de abatimiento. Cuando se marchara no tendría lugar al que ir, no tendría montaña en la que esconderme. Y él lo sabía. James le había encargado que pasara la noche conmigo para cuidarme porque él estaba fuera, por si necesitaba algo o había algún problema. Me acompañó de la fiesta a casa en su coche, con mucha amabilidad y delicadeza, y aunque sabía que se tenía que que...

London Oddysey II

Imagen
Y otra vez el te danza en su bolsita en este silencio que me hace sentir tan geniunamente sola. Con un teclado manco de la letra iberica por excelencia, unas galletas de genjibre que elevan mi estado de animo, recuerdo los recovecos de las nubes grises. Llevamos aqui mas de un mes. Nunca pense que volveria para ganar viejas batallas, pero hoy me descrubri a mi misma soltando una lagrimita (de estas que se me escapan en esta ciudad que me hace realmente de piedra) por la felicidad que se asomaba entre los callejones lluviosos. Se despejo el cielo, como solo puede suceder en Londres, para mostrarnos esos espacio liminales por lo que a menudo paseamos, asi la ciudad gris dejo de serlo nada mas que al atardecer, para lucir el anaranjado sobre las aguas de Tamesis. Y su nariz descansaba en mi pelo, para respirar en el regazo de mi cuellos. Y de nuevo volvemos, sin saber muy bien a que ahora. La musica invade mis sentidos y mis letras palpitan al ritmo que marca el latido de los barrios de...

London Oddysey

Hace ya casi un mes que llegamos a Londres, quien diria que el tiempo pasaba tan rapido? pero a la velocidad que se mueve esta ciudad, cuando echas la vista atras, el Gran Ben ya ha girado tantas veces a traves del tiempo que a ti ni siquiera te da tiempo a darte cuenta que estas mareada. Esta vez estamos los tres, Alexander y mi amor conmigo. Y yo vibraba de esa forma que solo consigo en Londres, brillando como una moneda nueva, respirando de verdad desde hacia tiempo. Asi que esta vez decidimos quedarnos. Y para no perder la costumbre he decidido abrir estos post que ya son tradicionales cada vez que piso esta isla que tanto amo, mi isla, como dicen algunos. Vamos alla con la Odisea Londinense. He de decir que por el momento no hay trabajo a la vista de camarera 20 horas en un bar espanyol de tapas. Eso es un avance. No hay jefe tocapelotas que te haga bailar flamenco con bandeja de pintas de cerveza en mano. Pero hay otras cositas. Por cierto, volvi a ver una limusina rosa y esta ...