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Yo tenía frío

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Te llamé para preguntar si hacía frío en Madrid. Hace doce años no teníamos tantas redes sociales. Para mí las cosas eran más sencillas. Una llamada y una pregunta. Quizás saber cómo era tu voz. Tocar con las manos una voz amiga, sentirte más cerca. Fue una de esas llamadas sin respuesta, una de las importantes. La maleta se llenó de forma improvisada. Hubiera sido fácil mirar en internet una página del tiempo. No se me pasó por la cabeza. Mi mente aún era un poco analógica así que metí mi primer teléfono táctil que no sabía aún usar muy bien en el bolso y llené la mochila de un regalo que había estado preparando toda la semana. Le escribí una dedicatoria. Esperaba que lo leyeras en tu propia intimidad, de hecho me muero de vergüenza todavía cuando lo pienso. Otra vez se ha llenado la casa de gente. De nuevo abrimos la puerta y su altar se rodea de personas que se sienten atraídas. A esto se referían cuando hablaban de salto espiritual. Es como lanzarse al vacío sin saber qué cara verí

Lo que Mercurio Retrógrado nos dejó

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Llevo como 20 años de tarotista. Sí. Como las astrólogas de la tele, pero sin ser famosa. Hace un año decidí hacerlo de forma profesional y me dije a mí misma "voy a buscar una trabajo alternativo que me saque de esta triste realidad y de mi vida de oficina". Por aquel entonces ya había probado las mieles del moving o bullying laboral. Todo suena mejor cuando está en inglés. Pero volviendo a mi faceta emprendedora, decidí decirle adiós a mi trabajo de oficina y centrarme profesionalmente en el tarot. Antes de eso estuve reciclando mis conocimientos, ofreciendo servicio gratuito y adaptándome a mi nueva etapa. En otro orden de cosas, tengo que decir que las inquietudes que se escuchan en un atención al cliente de cualquier lugar y empresa pueden resolverse con la misma empatía y cariño en cualquier área. Mis años de experiencia escuchando gente me ayudaron a ver el prisma de muchos lados y todos los colores del arco iris. Otro día contaré lo divertido que es abrir una cuenta n

Perfecta

El sonido de tu teclado sigue haciendo que sienta que toco el cielo con los dedos. A día de hoy tengo claro con quien quiero poner de nuevo un pie en la Universidad. Estoy a una canción de ti, a menos de mil palabras mientras me sostienes y me secas las lágrimas. Hoy hacemos apología al portazo y a las señales.  Hoy me cuelgo de tus ojos y de tu cuello y me lleno de fuerza para enfrentarme a mis muchos fantasmas y alguna que otra aparición. Me pasé un rato bien largo deshaciéndome en la cama y mirando la curva de tu espalda. Casi a diario me lleno de tu olor y comienzo el día. Aunque cada día me pongo en frente del semáforo en rojo y decido no saltármelo, no hay nada que cambiaría de ti. A ratos me siento en mi cuatro por cuatro, sólido y estable. Miro el semáforo y pienso en lo bien que le iría a mi corazón saltárselo, La adrenalina es lo que tiene. Da satisfacción momentánea. Pero hoy hemos parado delante del semáforo y hemos decidido que si me lo salto o no me lo salto ya es cosa mí

Y faltaba yo

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Enero abrió el año, desgarrando las posibilidades y con un desafío entre los dedos. Febrero nos trajo paz y 16 horas de sueño. Vino con el covid, con un aniversario que ardía con la tranquilidad de unas brasas y la manta de las felicidad. Un silencio de Febrero acallando los fuegos artificiales. Así estamos tú y yo. La vida nos puso a medio gas para pararnos a contemplar las cosas pequeñas a colgar cuadros de las paredes. Marzo nos abrió la puerta de una nueva vida ¿quién dijo que no se podía? Volamos tan lejos y aterrizamos despacio, para darnos cuenta de que lo más importante estaba debajo de la piel. Un remolino de aire, de cartas, de noches con té y con almas perdidas. Encendimos las velas de Hekate y Marzo nos trajo un arco iris al fondo del camino que nos mostraba que sí se podía. Abril llegó cantando y dio vueltas como montado en un carrusel. Los espejos de los caballitos nos han mareado y además de dar vueltas, hemos subido y bajado en olas de emociones. Espejismos, vanidades y

Laundry service

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Esta entrada es una ejercicio que tenía ganas de probar. Quería jugar con los dos personajes de la novela en otro ambiente. Creo que ha quedado bien :) Espero que te guste, siempre es para ti. La máquina expendedora escupió un sobrecito plateado de detergente. El contenido ayudaría a que su ropa entrara en la máquina sucia y saliera limpia. "Maravillas de la era moderna" se dijo mientras introducía la ropa en el agujero de la maquina "la magia de la lavadora". Unas monedas en la rendija marcarían el pistoletazo de salida de la limpieza de su colada. Se recogió el pelo rizado en una cola alta y sacó sus libros de semántica. En una semana tendría que garabatear páginas y páginas con cierta coherencia que respondieran a las preguntas de su profesora. Llevaba años haciendo las mismas preguntas y aunque sus compañeros de facultad decían que la buena señora solo preguntaba el tema uno, el dos y el tres, Lucy insistía en que por precaución había que mirarse hasta el cinco.

Juego de reinas

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Hace unos días fue el cumpleaños de Virginia Woolf. Se ha escrito mucho sobre ella, sobre su relación con Vita Sackville-West y escribiendo este texto quiero dejarme llevar por la idea de que mi musa vive en mi mente y siempre voy a celebrar su cumpleaños. Tiene la manía de sacarme de mis tardes de letras negras. Con este post, ha nacido la idea de recrear desde el punto de vista de Virginia una tema tan trillado como el mundo mismo: la relación entre ambas. Con esto hasta he descubierto una colección de moda (alta costura, que no es moco de pavo, de pavo real) basada en el jardín que diseñó Vita. Con éste texto no pretendo escribir lo inescribible. No pretendo recrear una mañana en la que no estuve. Y pues supuesto, solo quiero disfrutar de la licencia que me da el arte de las letras, que me enseña cada día Virginia, esta amiga que llena mis estanterías. Así que, que me perdone el lector si he cubierto con mi imaginación los detalles. Y si, ahora vamos a darle, con un poco de retraso,

London

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Había soñado con subirse a ese avión tantos años. Cualquier persona de su edad y condición hubiera llenado la maleta de enseres innecesarias. Ropa de verano, deportiva, chaqueta para el frío, secador de pelo, un kilo y medio de maquillaje, zapatos de bonito y de a diario ¿pero adónde íbamos a parar? No, Lucía no se iba a la guerra. Llevaba lo imprescindible. Acarició de nuevo la palabra entre sus labios "imprescindible". Y se estremeció al sentir su corazón en una jaula de oro. Al contener una respiración y mirar por la ventana, fingió que no le importaba el recuerdo que acaba de cruzar su mente. Se le sentó una señora con una bolsa de viaje más grande que el mismo asiento. Entró dando culazos y sonriendo y tras poner subir su maleta, reparó en Lucía.   –¡Ay. hija! ¡Qué cansancio por pasar por todos esos controles de seguridad!   Lucía miró a la mujer de pelo escarola que llenaba un vestido de verano no muy adecuado para su edad. Pero ¿quién era ella para opinar sobre su ropa