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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos cortos

Bailado bajo la tormenta

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¿Alguna vez has bailado bajo la tormenta? Habían quedado a las cinco de la tarde, a punta de cielo despejado. El instituto abría sus puertas y les prestaba el espacio para practicar. Les facilitaba también las gradas, sobre las que los compañeros y amigos se sentaban a mirar los ensayos. El festival de fin de curso lo organizaban los profesores, pero era responsabilidad de los alumnos escoger el contenido, la música y los bailes. La profesora de inglés les dio el control de la cadena de música y comenzaron a desfilar todos los grupos. El de la clase de primero, la de segundo, la de tercero, la de cuarto. Las canciones de moda abrieron sus ondas sonoras por todo el patio del instituto. Las gradas vibraron y cantaron. Las chicas, de cinco o seis en seis, presentaron su coreografía. Repetían los pasos, cortaban y de nuevo se daban otras oportunidades. Un paso más y ya casi quedaba perfecta y lista para sentencia, para bailarla hasta el día del juicio final o final de curso, más bien. Las ...

Juego de reinas

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Hace unos días fue el cumpleaños de Virginia Woolf. Se ha escrito mucho sobre ella, sobre su relación con Vita Sackville-West y escribiendo este texto quiero dejarme llevar por la idea de que mi musa vive en mi mente y siempre voy a celebrar su cumpleaños. Tiene la manía de sacarme de mis tardes de letras negras. Con este post, ha nacido la idea de recrear desde el punto de vista de Virginia una tema tan trillado como el mundo mismo: la relación entre ambas. Con esto hasta he descubierto una colección de moda (alta costura, que no es moco de pavo, de pavo real) basada en el jardín que diseñó Vita. Con éste texto no pretendo escribir lo inescribible. No pretendo recrear una mañana en la que no estuve. Y pues supuesto, solo quiero disfrutar de la licencia que me da el arte de las letras, que me enseña cada día Virginia, esta amiga que llena mis estanterías. Así que, que me perdone el lector si he cubierto con mi imaginación los detalles. Y si, ahora vamos a darle, con un poco de retraso,...

London

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Había soñado con subirse a ese avión tantos años. Cualquier persona de su edad y condición hubiera llenado la maleta de enseres innecesarias. Ropa de verano, deportiva, chaqueta para el frío, secador de pelo, un kilo y medio de maquillaje, zapatos de bonito y de a diario ¿pero adónde íbamos a parar? No, Lucía no se iba a la guerra. Llevaba lo imprescindible. Acarició de nuevo la palabra entre sus labios "imprescindible". Y se estremeció al sentir su corazón en una jaula de oro. Al contener una respiración y mirar por la ventana, fingió que no le importaba el recuerdo que acaba de cruzar su mente. Se le sentó una señora con una bolsa de viaje más grande que el mismo asiento. Entró dando culazos y sonriendo y tras poner subir su maleta, reparó en Lucía.   –¡Ay. hija! ¡Qué cansancio por pasar por todos esos controles de seguridad!   Lucía miró a la mujer de pelo escarola que llenaba un vestido de verano no muy adecuado para su edad. Pero ¿quién era ella para opinar sobre su ropa...

La danza del fuego

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"Un día más en el que no me matan" pensó Abigail, sentada en la mesa de madera frente al fuego. Su prima le había dejado un plato de comida y sus manos se había rozado. Se acercó el pan y los cubiertos, mientras la trenza de aquella desalmada se perdía contoneándose dentro de la caravana. Abigail intentó no pensar más ello y como buena esposa, con un gesto de mano deshizo el pensamiento de los ojos verde aceituna que se clavaban en su alma. Su marido era un buen hombre. Tenían un niño de menos de tres años y otro que venía en camino. Si la luna le permitía y su vientre seguía creiendo, pronto le daría otro hijo. Aunque aún no se le notaba ni se lo había dicho a Sacra. —Hijo, cúchame bien.—la vieja Carmina levantaba la mirada y todos los adultos callaban. Era tan temida como respetada—Lo primero, niño, cómete ese puré que buen trabajo le ha costado a tu mae—el niño al que regañaba cogió la cuchara se puso a comer—Ahora. Las llamas crepitaban y la noche se iba posando poco a po...

Lugar de Nadie

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Una voz embotellada anuncia en varios idiomas la próxima salida de un avión a Ciudad de Méjico. Algunos pasajeros perdidos corren mientras escuchan su última llamada, y rezan a cualquiera de sus dioses, o la misma providencia divina de sus pies, para no perder el vuelo. Sheila está sentada en uno de los bancos metálicos, frente a la puerta de embarque. Las puertas "a", "b", "c" y todas las demás asoman detrás de los controles de seguridad que tanto odian los viajeros. "Sería genial poder viajar como antes" piensa Sheila "sin registros ni escáneres, solo con la mochila de uno y las ganas de volar a donde sea." se decía a si misma mientras veía a Raúl, uno de sus mejores amigos, partir de vacaciones a los Estados Unidos. Nada más y nada menos, ahí donde Colón perdió el mechero. Bueno, un poco más arriba. Más bien mucho. Aquel hubiera sido un buen momento para echarse un cigarro y observar cada una de las historias que se dab...

Firea e Imbolc

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Deseo contar algo que se desenfoca, que se entremezcla entre la realidad y la ficción, que es el reflejo de mis sueños. Como un cristal vacío, con las imágenes de nuestras almas, vamos llenando espacios que emanan de nuestra esencia. Porque ni yo entiendo a veces las palabras, solo el cielo, las montañas que se funden en él, mientras dos pequeñas gotas de rocío contemplan aquello que ha sido puesto a su alrededor. Y a un nivel más mundano, gracias por ser mi editora improvisada, qué paliza la de buscar palabras repetidas y revisar mi Vereda. Y para acabar te robo las palabras: ¡gracias por ser y estar! ¡Feliz Imbolc, hermana! Firea e Imbolc El sendero rodeaba la montaña en espiral, de abajo a arriba, dando vueltas en aquella forma perfecta que debía ser la de la creación. Firea puso cara de chiste cuando me vio aparecer con botines de tacón y vaqueros, y con razón, solo a mí se me ocurría ponerme botas para ir al monte. -Sheila ¿no crees que vas a estar incómoda?-preguntó Firea con ci...

Un viaje.

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Bueno, beduinos del desierto, sigo a la carga. Siento que éste paraje, que es mi blog es un poco eso: un desierto. Sin embargo me siento feliz entre mis seguidores y amigos, que se encuentran conmigo en cada oasis de éste, mi desierto(vaya, parezco Juan Cuesta, jajajaja). El reloj a mis espaldas sigue cantando en clave de tic-tac, marcando el ritmo de mis dedos sobre el teclado. Espero que éste pedacito de relato os guste. Es la continuación de "Reencuentro". Ratpenat... si sigues vivo, te pido que vuelvas a abrir tu blog xD. Bueno, ésto se merece una larga charla en la cafetería de tu facultad o la mía. Contrastes Su té favorito era uno llamado "Sakura". Galena lo compró por primera vez y se lo regaló a Rose. A ambas les fascinó su aroma a flor de cerezo, sobre todo a Rose. Galena siempre calentaba el agua antes de que rompiera a hervir, cuando las pequeñas burbujitas aún no se habían formado en el fondo del cazo. Rose pronto comenzó a adorar esos pequeños placere...

Un viaje.

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Os adelanto un proyecto ^^. Los que hayaís leído mi antiguo blog puede que os acordéis de Galena. Y los que estáis con mi nuevo proyecto sabreís quién es Sheila. y sino... espero que os guste de todas formas. Reencuentro Las maletas pesaban. Cuesta desprenderse de cualquier cosa. Sobre todo de los libros, ya que a Galena le encantaba leer y no podía imaginarse dejando ninguno atrás. Pensaba que los leería todos durante aquel trayecto que duraría horas. No se despidió de nadie, ya que nadie vino a despedirla, pero se sentía feliz, porque el viaje en sí ya era perfecto. No sabía qué iba a encontrar después de tantas horas mirando el paisaje y las vías. No le importaba, solo quería mirar el sol que moría en el horizonte y teñía el vagón con su anaranjada sonrisa. Entre página y página observaría el reflejo del astro rey brillando sobre las vías. Quizás dormitaría mecida por el traquetreo de su vagón de tercera. No importaba quien más viajase en aquel tren, sin duda, Galena era la que más...

Cuentos de una exstencia.

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Aquí la va la última parte, la historia de por sí ya tenía un poco el punto y final, pero aún así esto lo remata (sin dejar la historia cerrada del todo). Para aquellos que lo han seguido, gracias en primer lugar, y en segundo, pues que me deseen suerte porque "Cuentos de una existencia" está recién enviado al concurso literario del CADE de este año... ¡Qué nervios! espero vuestras opiniones como hasta ahora. 5- Encuadernado. Dicen que los objetos no tenemos alma. En algún momento un perfume nace, en la mente de su creador, y muere, en el pálido cuello, adornado por perlas, de alguna joven, volatilizándose poco a poco y perdiendo su esencia. Yo no muero, permanezco a cada instante, infinito y cambiante, sobre mis tapas encuadernado. Yo tengo cuerpo, que es mi papel, la tinta, que recorre con largos trazos cada fibra de mí, podría ser mi sangre. También tengo alma, esencia, o cualquier sinónimo que se le pueda pasar a uno por la cabeza: sinónimos. Sí, conozco muchos sinónimos,...