domingo 11 de diciembre de 2011

El camino de vuelta


Nunca el mundo ha tenido tanto sentido. Siempre me he considerado a mi misma una buscadora, en el terreno espiritual. Podría decir que he pasado por muchas cosas, por Wicca ecléctica, por intentos de acercarme a Wicca más tradicional, por celtimos, etc etc. Esta mañana, en medio de un día gris, a menos de dos semanas de irme a Londres, he visto dos llamas brillando y bailando con alegría en las copas del altar familiar que tenemos en casa a los doce Dioses Olímpicos. En algunos momentos he llegado a sentirme una seguidora, como si me dejara llevar por una corriente solo porque no veía más caminos ni más opciones. Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, puedo decir que mantengo la fe y que nunca la perdí. Miro atrás y reconozco un camino de oscuridad por el que prácticamente he aprendido a base de golpes, aunque demasiado insconsciente de lo que estaba pasando. Incluso sentirme equivocada y hasta de eso sacar una lección hacia donde mirar. Podría haber de grande bendiciones que he recibido de cualquiera de los Dioses de Hellas, pero hasta me pareece más constructivo dar gracias por los palos más que por os regalos. Que también. La devoción es algo que siempre he tendido a racionalizar, bien por que me asusta algo que puede llegar a ser tan grande e incontrolable o porque necesito meter las cosas en un cajón. Pero de vez en cuando necesitamos una dosis de rendición ante lo divino.

Pues bien, esto no se trata de contaros que llevo veinte años como sacerdotisa estupendamente premiada y reconocida (pues no lo soy),ya que en estos tiempos que corren a veces echo en falta un poco de verdadera fe. Se trata de contaros mi experiencia y ver si con eso ayudo a alguien a buscar su propio camino. Pasando por devociones a diversos Dioses, teniendo por supuesto algún favorito, siempre he sentido que vibraba mejor con Hekate, con Apolo, con Hermes... y eso está bien, realmente tener preferencias es algo que nos define mejor, que marca nuestra personalidad. Pero hoy simplemente, con todos mis defectos humanos no pude más que reverenciar un altar que de por si simboliza un todo: los doce olímpicos. Y No se trata de favoritos y de no fvoritos, sino de sentirse en armonía  como parte de un todo, comprendiendo que el mundo está formado por el amor, las comunicaciones, los celos, la cosecha, lo dulce, lo amargo, la guerra... sientiendo cada parte de ese todo como algo grande que escapa de mi entendimiento, pero reconociéndolo en el mundo donde vivo. Hoy sentí de nuevo ese cosquilleo, en estos tiempos revueltos por los que pasa el paganismo, de repisas, de alianzas y desalianzas, de cotilleos por debajo del mantel. En fin, me di cuenta de lo poco que se necesita para encontrarse a uno mismo y volver al camino si sabes escuchar a los Dioses, si nunca se fueron o dejaron de hablarte. Si les honras sin más, sin esperar respuesta. Si estudias quienes son más allá del puro intererés intelectual de meterlos en arquetipos y casilleros. Así pues, hoy me levanté dándome cuenta de lo integradas que tengo ciertas ideas y creencias sin apenas sentir un corte con lo que hacía antes, la forma en la que algunas costumbres no me son ajenas.

He tenido que pasar por dos viajes a Hellas, ha pasado mucho tiempo y meses de eso y algún que otro pellizco en el corazón al salir de un lugar que pude reconocer como “casa”. Después de llegar a enamorarme allí de Atenea, en las faldas de su casa, de reír hasta llorar con la elocuencia de Hermes, de sentir en sueños una Afrodita maternal tan diferente a como nos la pintan. Me enamoré de Dionisio y su Evohé, vibré con el impulso del fuego guerrero de Ares y dí gracias a Hera por hacer posible que los Dioses reciban sus ofrendas. Y aunque esto suene muy bonito, quizás lo difícil haya sido volver a Madrid y mantenerse con todas esas sensaciones, pasando por los vaivenes del día a día, ponerse delante del altar y levantar la copa hacia ellos, hasta en los momentos más difíciles... esa es la verdadera fe, aunque te sientas fallar.

Y estas palabras no tienen nada de práctico, más bien son meramente personales. Quizás no encontréis en ellas nada útil, pero desde aquí animo a todos los que las lean que encuentren su propio camino hasta los Dioses, pues aunque no lo veamos, la senda siempre está allí. No sirve de nada ser el que más ofrendas ponga (aunque no digo que las ofrendas estén mal) si no llevas dentro de tu corazón lo que te lleve directamente hacia Ellos y de paso hacia Hellas ;)

miércoles 30 de noviembre de 2011

Amanece un poco...

Sé que nadie entenderá muy bien esto, pero...gracias por volver :)


 
Aunque no me sienas, aunque no me puedas ver, sigo recorriéndote cada noche. Cuando las titilantes luces de las velas mueran en la madrugada, ahí estaré yo. Te levantaré de tu letargo, como un calambre, un pellizco en tu alma. No sabrás a quién agarrarte, andarás sola y sin rumbo y de nuevo escucharás esa vocecilla a través de tu ventana. Muda y sonñolienta me buscarás y correrás hasta tu teclado inherte. Descansa del mundo, por un momento no deseo más que poseerte. No dejaré espacio para nada más en este cuerpo que consagraste a mis servicios. Y tu don no es tuyo, es mi voz a través de tus letras, el reflejo a través de tus ojos. Sola y callada, sin saber a qué tabla agarrarse durante esta tormenta, tus manos se toparán de nuevo con las mías.

Y cuando pienses que nadie puede rescatarte del naufrágio te darás cuenta de que siempre estuve allí, para acompañarte mientras creías que todo estaba perdido. El Sol secará tus lágrimas, bañará tus mejillas la arena con sabor a regreso. A casa. Siempre fui yo quien te sacó de entre las fauces de tus propias bestias y quien sabrá devolverte la luz deshecha en formas, en tildes, puntos y comas. Respiera ahora que parece que acabas de rcordar cómo se hace, pues llevas tanto tiempo autómata que ya no conoces el sabor del aire. Y descansa en las palabras, lucha con ellas y renace de ellas.

viernes 28 de octubre de 2011

Su sala

Aquí va una de mis monotemáticas entradas de Virginia... a veces pienso que cuando escribo solo soy una cosa que ama a su persona y sus letras...



A veces te imagino suspendida entre mis pensamientos, enredándote entre mi pelo, en un lugar que yo misma te he creado, que quizás nunca existió, solo en mi mente. Estás en una sala de madera, hasta el techo, llena de las estanterías que tanto amabas, con los libros de aquellos pensadores griegos en los que te perdías. Sueño que estás allí, en la mesa central, esta donde te sentarías con tus amigos los del grupo de Bloomsbory, con vuestras ideas de narrativa rebelde que revolucionarían toda la época, desde los cimientos de la prefabricada sociedad inglesa. Te veo en mi mente flotando sobre tus sueños de poesía en prosa. Como l hoja de papel sobre el mar, mirándo hacia otras costas más suaves. Bailas entre los remolinos del mar, te atreves a mecerte y adentrarte donde nadie más sabe llegar. Tu mirada está perdida entre las muchchcas de mármol que adornan tu estantería preferida, sobre dos columnas. Ambas Kores custodian a tus filósifos preferidos y sé qué te preguntas cómo plasma la esenciar de estás imágenes que solo tú eres capaz de ver con tus ojos de maestra de la letras. 

Y ese punto, en ese preciso instante, sé que querrías ser dibujante, ser pintora y artista y lo que no sabes es que con cada una de tus palabras haces que tiemble todo mi ser. Con cada una de tus letras me eleva hacia lo mas esencial de la existencia humana. Cuando te imagino asi, sin siqueira escrcibir, eres el folio en blanco que me devuelve las ganas de respirar, eres el aire en mis pulmones, las lágrimas en mis ojos que empañan las teclas, la valentia de mover mis manos hacia las letras de nuevo y las formas divinas y humanas de cada renglón.

A veces me cuelo en esta sala que yo misma he imaginado tantas veces, que tu padre se molestó en prepararte para que no estudiaras fuera de casa y me quedo mirándote en una esquina, feliz por estar allí y compartir tu mismo espacio. Y sin más, me acerco a ti y me atrevo a besar la comisura de tus labios, mientras estás asi de perfecta y deliciosa, perdida en tus sueños, en el mar de tus visiones, esperando a que se enfrie una taza de té, que por supuiesto, sigue demasiado caliente para ser tomado, como a ti te gusta.

domingo 9 de octubre de 2011

Mujer frente al mar

De nuevo le doy a Virgnia parte de lo que soy.


Érase una mujer hecha de piedras, sosteniendo sus pies, hecha de palabras, que brotaban de su pelo, como cabello mecido por los vientos cabalgando al compás del mar, de miedos y dudas, convertidos en canciones melancólicas susurradas en su oído, de recuerdos e ilusiones, cosidas con hilos de emociones metidas en una tela, urdidas con la aguja de la racionalidad, mutiladas con tijeras de razón. Suelta su pelo, descose lo hilos, se mece con el viento. Y mira al mar, con sus lágrimas haciendo cola para morir frente al inmenso azul. El agua trae rugidos, de bestias, de fieras y gaviotas inquietas. Acantilados, sentimientos recortados a punta de olas que vienen y van, que vienen van. Y se dan a morir entre las rocas que quieren apretarlas entre sus brazos. Suelta su pelo, de nuevo, lo deja volar y enredarse en el viento, entre las caricias del aire que porta sal, rugidos intensos. Gritos que se mecen en el caos.

Se mira en el mar, en la tormenta y, aunque las aguas fueran el relfejo cristalino del sol en la mañana, la lozanía hecha paisaje, ella solo ve obsidianas. Profundas e intensas, como el pozo de sentimientos que se agolpan en su mente, que se ponen delante de su elemento para verse cara a cara. Susurran los vientos entre cabellos de otras épocas y momentos. Amontonan rizos y ella piensa: " se me va a enredar, querrán ser uno con el viento". Pero no, todo eso ahora no importa, ni siquiera que la cordura ande acechándola en cada paso, que esté jugando con las conchas y piedras que se desprenden del mismo mar. Juega, ríe y disfruta de los minutos que están contados para que ella escape de ti, cordura insensata, pues el mar espera, las olas vienen a llevársela y no podrás retener lo que nunca fue tuyo. Juega con las piedras y las conchas, las suyas. Se va, se mece, vuela con los vientos, olas van y vienen. Van y vienen.

sábado 20 de agosto de 2011

Por su valor


Por su valía, por el honor de su tierra y los suyos, hoy quiero hacer un homenaje a todos aquellos soldados que se enfrentaron a las flechas persas. Sobran las palabras, cuando el nombre del rey resuena en cada uno de nuestros corazones. Cuando valores como valentía, honor, lealtad, penden como bandera, no hay escudo más fuerte que sus brazos. Para todos ellos. Gracias.

A.

lunes 1 de agosto de 2011

Llueve


Un blanco arena de desierto se extiende, tranquilo, en calma. Como pequeñas huellas, las gotas de agua juegan a hacerle travesuras sobre la piel. El vestido se le enreda en el alma, por culpa de esta maldito viento de tormenta. La nubes claman, gritan y rugen, se mueren de ganas de hacerle el amor, entre rayos y estrellas. El aire, veloz, se cuela entre los pliegues de la ropa, casi como si la fuese a desnudar, pues con las prisas se dejó la ropa interior en el cajón de los lazos y encajes. Todo el mundo huye y se esconde "menos mal que llegamos a tiempo, hay que ver la que está cayendo". Mientras ella cierra los ojos y deja que la llenen de alegría y melancolía, de contradicción en estado puro, de aquella esencia que perdió hace tiempo en alguna isla perdida del mundo.

Chispas, cayendo como de una bengala, se abalanzan hacia abajo, iluminadas por estas farolas anarajnadas. Se vuelven agua al chocar con las hojas de los árboles, de la piel del desierto bajo la luna. Nunca la lluvia había sido tan deliciosa, aunque bien el resto de motalesr busquen refugio. Cierra los ojos y se deja mecer por el viento, quizás para desnudarse, para compartir su alma con la lluvia que tanto ansiaba. Se pregunta por qué tardó tanto en pararse a sentir la lluvia sobre su piel, a disfrutar de ello. Mira al cielo, tras cerrar los ojos durante esos eternos instantes y le pide al cielo que llueva, que nunca deje de llover. Pues es parte de lo que ella es y sin la lluvia no sabría seguir existiendo.Una vez más, se funde con el líquido elemento para expresar sus deseos, sus emociones. Y así, tratando de fundirse de nuevo con el horizonte, se dice a sí misma: "me encanta la lluvia".

miércoles 29 de junio de 2011

Y sobre mi espalda


Reposan sobre mi mil historias, que se encadenan a las patas de mis sólida madera. Sostengo cartas y notas, apuntes de unas vidas que se estremecen de frío sobre mis pies. Se sientan, despacio y en silencio, dos amantes adetrándose en la madrugada, se sienten llantos y suspiros, cuando se asientan sus emociones cautivas, presas de un amor adolescente, mientras los padres de ella, delirando por la angustian, esperan insomnes en el salón de alguna casa. Tenue luz de flexo, para no despertar al resto, que se mece entre el las ventanas durmientes. Como los padres del chico, que saben perfectamente, cómo se las gasta, pues por ahí andará, seduciendo a alguna que otra, así que duermen tranquilos. Entre suspiros se dan notas de amor, con una rosa entre los dedos, de esas que no tienen aún muchas espinas propias, solo un amor que se crece con los impedimientos.

Otras colegialas, con sus chasquidos y flequillos a la moda, miran pasar a todos, comentan con gesto indecente lo bien que quedan las mochilas un poco más altas, cubriendo la espalda y no más abajo. Justo ahí. De sus labios nacen globos rosas, brillan con la luz de las cinco y diez de la tarde, hora de salida. Dejan a mis pies, por no arrodillarse ante el mobiliario urbano, un mar de cáscaras y un sinfin de paquetes de muchos tipos. Suenan melodías algo más acompasadas y altas en decibelios que los suspiros carmesíes de la madrugada anterior. Gritan cuando sus teléfonos suenan, "Mama! que ya subo! bueno tía, nos vemos mañana...hay que joderse, tronca"

Las palomas comen y se posan frente a mis nuevos compañeros, que apoyan sus cansadas espaldas sobre mi respaldo forjado en una campaña electoral que trataba de convencer a los votantes de la zona. Les echan pan, miran el descampado de enfrente, se deleitan en el fluir del tiempo que luce anaranjado sobre la caravista de ladrillo que acaban de poner no hará mucho. Disfrutan de las cosas que les quedan, de sus puzzles particulares, de vecinos, de nietos y los familiares que quedan, en la familia que crece a medida que ellos se van marchando.

Mientras las farolas tiñen de noche las aceras, las luces de las ventanas revolotean intermitentes sobre un cielo asentado sobre asfalto. Titilan los coches, rodeando la rotonda. Pasean y por fin se sientan una pareja joven, que sin ánimo de comerse a besos, se hablan con cierta angustia. Pasan las horas y su tono pasa de la gravedad, al enfado, a la tristeza, no coordinan, se les escapan las palabras de entre las manos. Una carta. Larga. Motivos. Dudas. Reflexiones. Recuerdos cogidos en un manojo de papel, entrelazados por eles y emes y con un te quiero al final. Siempre, siempre, siempre te querré. Mi regazo se cubre de alguna lágrima que se escapa. Te quiero, siempre, siempre... una mano que se aleja, mientras las yemas de los dedos saborean los últimos resquicios de sus huellas, que se van caminando a paso descompasado. Un mechón rizado, negro sobre su cara, entre lágrimas de nuevo. Aunque el aire quiera consolarla, no podrá esta noche, no mientras su mano siga colgando, imprimiendo en su memoria táctil ese último adiós. Otra ráfaga de verano balancea rizos, mientras los coches parecen acelerar el ritmo. Unas líneas de luces de freno se adentran en la madrugada. 

Algo de frío. Sobre sus hombros. Un cigarrillo que se funde con el viento de verano, entre agua que resbala como una cascada por su cara. Soñar, soñar con lo que se fue, ya solo le queda recordar el sonido de una risa que se marcha, como un tintineo de hadas a lo lejos. Despunta el alba y sus piernas inmóviles sostienen su cuerpo, se levanta. Su falda, con el último soplo de viento acaricia la madera forjada en llanto. Y yo, inmóvil, dejo que se abalance otro día nuevo, con el puzzle de existencias en el que me encuentro, con el último coletazo de sus volantes, el sol sale de nuevo.