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Mostrando entradas de mayo, 2010

Dejarse caer desde un precipicio tal alto como un décimo piso

Sedienta y seca por dentro, de tanto ponerme al límite del sufrimiento. Renunciando a buscarme a mí misma y permitíendome vencer por la oscuridad una y mil veces más esta tarde. Sabiendo que no hay vela lo suficientemente potente para que me muestre un resquicio de las paredes, llenas de telarañas y polvo, por cierto, por no cuidar mucho de ellas, de esa habitación en la que me debería haber rendido.

Sí, barroca y compleja, con mis lados angulares y mis espadas en guardia. Pero el guerrero también debe aprender a reconocer a sus verdaderos adversarios y dejarse de gilipolleces. De mierda y autodestrucción, de ponerse firme y erguido, sabiéndose un ser valeroso y dispuesto a salir media batalla consigo mismo y después con el mundo. Luchar, algo tan olvidado y conocido como el respirar, como las palabras a las que tanto amo, otro más de mis actos divinos frente al espejo.

Siendo orgullosa y arrogante, pero capaz de llenar la maleta de tres cosas y poner los pies en mi camino, me adentro y…

Una Olivetti

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Como siempre, preciosa, tú has inspirado esto. Para ti es la música. Para mí son las palabras. Espero que sigamos compartiendo esto.



Los dedos nerviosos de mi anciano abuelo recorrían una vieja Olivetti. Recuerdo colarme despacito, sin hacer ruido y a hurtadillas por el pasillo de casa de mi abuela. Me asomaba tímidamente por la habitación chiquitita, un cuarto en el que mi abuelo dormía, pues le habían retirado a la cama pequeña. No por enfermedad ni por soledad repentina, sino por desgaste de matrimonio. Aquella cama que más tarde sería la mía. Recuerdo ciertas mañanas, en las que mi abuelo apretaba con fuerza las teclas, parecía casi que eran pequeños tamborileos, llenos de vida. La música más celestial, la del tabulador sonando en mis oídos, llenando el silencio que reinaba en la habitación: pues mi abuelo estaba escribiendo. Casi era una bendición saber que cambiaba de renglón, con aquel sonido característico de aquellas piezas que mi abuelo se molestaba en nombrarme. Saber que aq…

Este mundo asusta

¿Si que lo sabías? ¿No te lo querías reconocer? ¿Quién eres? ¿Por qué tienes una foto mía que me lanzaste años antes de conocerme en Valencia? Sí, que este mundo asusta. Ya lo sabemos, pero no nos asustaremos más, porque hemos sido muy fuertes y hemos resistido a través del tiempo a guerras, ritos macabros y demás. ¿Qué nos puede separar? Ya nada, mi amor.

Antigona despierta. Quiere dejar de odiar lo que fue, la estupidez de echarte de menos sabiéndote cerca. Quiere perdonarse a sí misma pero no puede, porque es el esfuerzo más grande que le toca hacer por ahora. Y me acuerdo cuando me pedías que no desapareciera de tu vida, y me odio a mí misma por querer escaparme a hurtadillas y de noche, sin decir tan si quiera adiós. Por tratar de adelantar lo evidente y evitarte sufrimiento. ¡que estúpida! Pero bueno, tú ya sabes que hay causas mayores por las que luchar, que sí, que el amor es la fuerza y lo que nos mueve, pero a veces se nos reclama por ahí para librar batallas imposibles. O no…

Otra para tu piel y tus ojos

¿Qué escribirte? ¿Qué decirte? si la poesía más elevada, más cercana a los Dioses, se transforma en burdas palabras cuando estás a mi lado. Si pudiera encerrar la perfección de tus ojos y los míos mirándose, créeme que lo haría. Que no hay flores tampoco que pueda regalarte. Que bien, que hay flores bonitas, que quizás intente llenarte, igual que tú intentas llenarme de canciones que son meros puzzles e intentos de expresar lo que veo a través de tu rostro mientras me miras en mitad de la noche. Que reconozco en ti a la maestra, a la amiga, a la compañera, al guerrero que fuiste, a la sacerdotisa, a la madre... y siempre eres tú, siempre juntas, roja y negra o de todos los colores, o de ninguno, o de solo uno, el mío, las dos del mismo.

Si supieras que amo tanto como odio tu piel; la amo por ser tu piel y la odio por separarme de tu alma y no poder salir volando por tu ventana contigo. Y la amo cada vez que paseo por ella, pensando lo que encierra y haciéndome preguntarme cuánto tiempo…

Otra para Carol

De nuevo, como no tengo palabras hoy (puede que más tarde las encuentre por ahi), dejo que hable ella.

Words, Wide Night by Carol Ann Duffy
Somewhere on the other side of this wide night
and the distance between us, I am thinking of you.
The room is turning slowly away from the moon.

This is pleasurable. Or shall I cross that out and say
it is sad? In one of the tenses I singing
an impossible song of desire that you cannot hear.

La lala la. See? I close my eyes and imagine the dark hills I would have to cross
to reach you. For I am in love with you

and this is what it is like or what it is like in words.