Mujer frente al mar

De nuevo le doy a Virgnia parte de lo que soy.


Érase una mujer hecha de piedras, sosteniendo sus pies, hecha de palabras, que brotaban de su pelo, como cabello mecido por los vientos cabalgando al compás del mar, de miedos y dudas, convertidos en canciones melancólicas susurradas en su oído, de recuerdos e ilusiones, cosidas con hilos de emociones metidas en una tela, urdidas con la aguja de la racionalidad, mutiladas con tijeras de razón. Suelta su pelo, descose lo hilos, se mece con el viento. Y mira al mar, con sus lágrimas haciendo cola para morir frente al inmenso azul. El agua trae rugidos, de bestias, de fieras y gaviotas inquietas. Acantilados, sentimientos recortados a punta de olas que vienen y van, que vienen van. Y se dan a morir entre las rocas que quieren apretarlas entre sus brazos. Suelta su pelo, de nuevo, lo deja volar y enredarse en el viento, entre las caricias del aire que porta sal, rugidos intensos. Gritos que se mecen en el caos.

Se mira en el mar, en la tormenta y, aunque las aguas fueran el relfejo cristalino del sol en la mañana, la lozanía hecha paisaje, ella solo ve obsidianas. Profundas e intensas, como el pozo de sentimientos que se agolpan en su mente, que se ponen delante de su elemento para verse cara a cara. Susurran los vientos entre cabellos de otras épocas y momentos. Amontonan rizos y ella piensa: " se me va a enredar, querrán ser uno con el viento". Pero no, todo eso ahora no importa, ni siquiera que la cordura ande acechándola en cada paso, que esté jugando con las conchas y piedras que se desprenden del mismo mar. Juega, ríe y disfruta de los minutos que están contados para que ella escape de ti, cordura insensata, pues el mar espera, las olas vienen a llevársela y no podrás retener lo que nunca fue tuyo. Juega con las piedras y las conchas, las suyas. Se va, se mece, vuela con los vientos, olas van y vienen. Van y vienen.

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