Entre montañas...


El mar frente al café nos regala las sonrisas de las nereidas, a través de los cristales y entre montañas. Llevamos aquí casi cinco meses y lo que comenzó siendo un viaje inesperado se ha convertido una de las más deliciosas rutinas. Las rocas de la montaña de las Musas son testigo de sonrisas y lágrimas derramadas con cada una de nuestras subidas. Nos reímos con los que poco a poco se han ido convirtiendo en grandes amigos y familia porque el lenguaje tiene sus intrincados caminos entre idioma e idioma para arrancarte una carcajada. 

El café se derrama y yo me pongo nerviosa, como siempre, haciendo gala de la más británica cortesía, me estiro y pido perdón mil veces. Espero alguna cara ofendida y me encuentro a un grupo de personas felicitándome porque se alegran de que la abundancia vaya a llegar a mi vida. Sonríen y comprendo, aquí las cosas tiene su propio compás, su armonía y tonalidad. Y tras una noche de cansancio, me pregunto por qué mis piernas siguen resistiendo y mi alma sigue teniendo ganas de ir de aquí para allá, honrando a los Dioses en antiguos y nuevos lugares. Pero echo una mano al lado y me encuentro la tuya, tu cara de felicidad porque Maratón está delante de nosotras y me pregunto si alguna vez me acostumbraré a esta sensación de saberte a mi lado. 

Un recuerdo cruza mi mente, la voz de una amiga probando nuestra tortilla de patatas muy española por primera vez y diciendo en griego "esto no es tortilla española, son patatillas con huevos, los hacía mi madre en Creta..." y sigue comiendo con la resignación de saber que probablemente su pueblo inventó también esa comida. Nos reímos en la cocina retirando los platos y felices por saber que nuestros invitados están bien recibidos, además de ser muy griegos. Los abrazos se mezclan con las libaciones de gasolina y también se nos escapa la tos en medio de una invocación... salir avergonzada del espacio ritual es mi primer impulso y espero ir alejándome poco a poco para no molestar más al resto de los participantes. Entonces una mano amiga me ofrece un caramelo y para que vuelva a mi sitio, a tu lado, y me hace una caricia en el pelo para que me calme. Se encienden antorchas, se queman esencias y corre el vino. Música y baile se funden en un continuo Evohé...y pasado todo este tiempo, yo no tengo otra más que decirte que soy feliz por estar aquí con la compañera que eres y por eso te pido: que no termine el baile, que el vino siga corriendo, que el café se nos derrame y que siempre, amor, podamos unir nuestras voces para llamarles. Σ'αγαπο πολυ.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Compartir recuerdos en redes sociales

Sin rumbo I

Perlas, hojas de té, páginas en blanco...